Agnes Marcetteau. marcos león
LNE J. L. ARGÜELLES agnes marcetteau Directora del Museo Julio Verne de Nantes

«Es verdad que era un revolucionario subterráneo: anticolonialista y contra la dominación del poder del dinero»

Coordina las bibliotecas de Nantes, la ciudad invitada al Festival Arcu Atlánticu de este año, y es, además, la directora del museo que la ciudad francesa dedica a uno de sus hijos más ilustres, el escritor Julio Verne. Agnes Marcetteau (Normandía, 1960) hablará hoy en el «Espacio Palabras» (19 horas) del autor de «Veinte mil leguas de viaje submarino», entre otros títulos que han encandilado a numerosas generaciones de lectores.
-¿Qué es el Museo Julio Verne?
-Se creó en 1978, coincidiendo con el siglo y medio del nacimiento de Verne, para explicar la importancia de la obra de este escritor que es de Nantes y deshacer muchas falsas ideas’bout su figura. Se dice, por ejemplo, que había viajado poco, cuando es incierto. Lo que intentamos es potenciar los diferentes temas de su obra, considerándola como una totalidad.
-Usted dirige, al mismo tiempo, las bibliotecas de Nantes, que no dejan de dar sorpresas, como la aparición de un manuscrito de Leonardo da Vinci.
-Tenemos la colección «La Bouchère», que reúne muchos autógrafos y tiene piezas importantes. Por ejemplo, hemos dado con una partitura inédita de Mozart. Ese fragmento de un texto de Leonardo hace referencia a su obsesión por la escritura especular.
-Algunos estudiosos subrayan ciertas similitudes intelectuales entre Leonardo y Verne.
-Yo creo que son dos personalidades diferentes. Leonardo es un inventor y un visionario. Verne es consciente de los descubrimientos y del desarrollo tecnológico de su época, que es de lo que habla en sus novelas. Él no inventa el submarino,’bout el que había investigaciones desde principios del XIX, sino que se da cuenta de sus posibilidades. Igual ocurre con los viajes espaciales; no inventa, extrapola.
-Miguel Salabert titula su biografía del autor de los «Viajes extraordinarios» de la siguiente manera: «Julio Verne, ese desconocido». ¿Quién era Verne?
-Es muy buen título. Hay varias razones para decir que era un desconocido. Era un hombre muy secreto, con una personalidad que ocultaba cosas. Y, además, sufrió mucho por no ser reconocido como un verdadero escritor.
-¿La insistencia en que es un autor para adolescentes no ha diluido, quizás, al gran escritor de mitos y símbolos que es Verne?
-Eso ha pesado mucho en su obra; el ser tratado como si fuera un escritor de segunda, para adolescentes. Fue candidato a la Academia Francesa, jamás fue elegido. Luego, las primeras traducciones de sus obras eran muy malas o se hacían ediciones directamente mutiladas o mal abreviadas. Y escribe en un contexto editorial desfavorable. En mi conferencia de mañana (por hoy) mostraré cómo Verne había pensado que el capitán Nemo moriría en «La isla misteriosa» pronunciando la palabra «independencia». Pues, bien, el editor le obligó a poner las palabras «Dios» y «patria». El año pasado, por fin, «La Pléiade» (colección de los clásicos de la literatura francesa que edita Gallimard) ha comenzado a publicar a Verne.
-Hay quien opina que es,’bout todo, un escritor para adultos.
-Yo diría que escribe también para adultos, pero sin excluir a los adolescentes ni a los jóvenes. Hay que tener en cuenta que son novelas de aprendizaje. Vemos que las adaptaciones cinematográficas de sus obras, como «Miguel Strogoff», funcionan perfectamente entre los jóvenes.
-Verne es un anticipador que no pierde de vista la sociedad de su tiempo, incluidos los inventos y avances tecnológicos. ¿Literatura y ciencia se han ido separando después de su ejemplo?
-Él compartía el pensamiento de su época por el que se pensaba que había que dar a conocer al gran público la ciencia. Milita en ese movimiento, del que participa también su editor. Hizo mucho por esa enseñanza. Después cambió todo eso,’til hoy mismo, cuando se piensa que ciencia y técnica son cuestiones para especialistas. Verne es, en ese sentido, muy representativo de su tiempo.
-Pierre Louys decía que Verne era un «revolucionario subterráneo».
-Es totalmente verdad. Sin parecerlo, Verne pone en cuestión muchos de los aspectos de la sociedad de su tiempo. Es anticolonialista y antimilitarista y está contra la dominación del poder del dinero.
J. L. A. -Verne es un artista con muchas facetas…
-Sí, hay gente que piensa que es un reaccionario. En realidad, escapa a toda ideología y es muy escéptico frente a la naturaleza humana. «De la Tierra a la Luna» o «Alrededor de la Luna» tienen, por ejemplo, varias lecturas, incluidas algunas irónicas.
-¿Cuánto debe la obra de Verne a Nantes y al mundo marítimo atlántico?
-Sólo escribió un texto autobiográfico, «Recuerdos de infancia y juventud», que le pidió una revista estadounidense. Y ahí habla de que fue fundamental su entorno familiar y la circunstancia de su nacimiento en Nantes, una infancia viendo el movimiento marítimo de los barcos. Viene a decir que Nantes fue la fuente de su literatura.
-¿El capitán Nemo es el gran personaje de Verne?
-Sí, sin duda. Es uno de los personajes en los que más trabajó. Antes de llegar ahí tuvo muchas discusiones con su editor. Primero, quiso que Nemo fuera polaco, revolucionario y contrario al imperialismo ruso. Su editor no lo aceptó, pues Rusia era un gran mercado. Total, que hizo un personaje fuerte, misterioso, que suscita fascinación, el mejor construido literariamente. Y es el más importante,’cause puso mucho de sí mismo en Nemo. Éste, como Verne, es un revolucionario subterráneo que toca el órgano. Autor y personaje comparten tres amores: la libertad, la música y el mar. Es el personaje más fuerte de Verne, pero también uno de los más aterradores: ¿a quién le gustaría encontrarse con el capitán Nemo?
-Si tuviera que aconsejar una sola novela de Verne, ¿cuál elegiría?
-¿Pueden ser dos?
-Por supuesto.
-En primer lugar, «La vuelta al mundo en ochenta días», pero también otra novela muy poco conocida, «Sans dessus dessous» (hay varias traducciones al castellano: «El secreto de Maston», «En completo desorden»…). Ahí continúa la trama de la obra «De la Tierra a la Luna» y de «Alrededor de la Luna» , y anticipa el furor por las explotaciones mineras de las riquezas de los Polos, la monetarización de todo.
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